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En un pueblecito de la Mancha….. bueno, en realidad de la Vega Baja…… ayer unas cuantas en el coche (éramos mayoría femenina, lo siento Jose!) buscábamos una bicicleta por los alrededores. Parecía un poco surrealista, íbamos a la boda de una buena amiga, en un lugar discreto y apartado, donde desde unas cuevas se podían ver las estrellas, tomar una copa y celebrando de paso rememorar viejos tiempos.
En la búsqueda del lugar, no encontrábamos en las calles a nadie a quien preguntar; así que guiados por nuestra intuición, cosa que a la vuelta no nos sirvió de nada … nos encontramos en quién sabe qué calle – rincón en la que al final un grupo de gente nos miraba como extraterrestres, preguntándose dónde se podía ir a esas horas por un sitio así… la gente muy peculiar , nos dijo dónde se encontraba el camino de baldosas amarillas hasta la famosa bici.
Por supuesto, como no podía ser de otra manera aunque sentíamos el olor del aceite engrasado de su cadena, nos volvimos a perder… y encontramos a una mami tirando la basura con sus peques que nos terminó de indicar el camino, eso sí por dirección contraria y la esperanza de que la invitáramos al saraó.
Hay que ver cuán dispar es el territorio… los mapas…. las percepciones y más allá… las interpretaciones de éstos, y cómo hablando el mismo idioma, la mayoría de veces no entendemos el mensaje. Qué difícil la comunicación!! Con los demás? Con nosotros mismos? Ambas en cualquier caso… será cuestión del idioma? O de saber hacer las señas oportunas?, o de transmitir lo sencillas que son en realidad las cosas, y cómo las complicamos…
Para lo que viene al caso, en realidad era tan sencillo como pensar en las estrellas, los amigos, y lo maravillo del reencuentro… tardar un poco más o menos en encontrar el camino, hablar con gente peculiar, o caminar por dirección contraria… son pequeños itinerarios para llegar a las cosas que importan, y dejar a la memoria la anécdota de una noche especial!



El ARTE DE JUGAR A VIVIR
“Si no ves la luz al final del túnel comparte una linterna... O consigue una.... donde haya"
Cuando pensamos a qué dedicar nuestra vida, qué deberíamos emprender, qué trabajo hacer para ser honesto en el camino; a menudo aparece un brainstorming inconsciente y no evocado de imágenes, sensaciones, sonidos... en fin; algo parecido a cual cocido de la abuela en plena ebullición.
En ocasiones buscamos herramientas que nos ayuden a tener la certeza de estar en el camino adecuado, buscamos y buscamos hasta a veces terminar exhaustos y sin respuestas. Hay personas atrevidas que te dan consejos directos, otras más comedidas intentan empatizar de manera somera y diplomática, pero en definitiva el caos se mantiene en tu coco, y no sólo no ves la luz al final del túnel (aunque te presten la linterna), sino que con tanto consejo, orientaciones "absolutas y certeras", lo que terminas es casi al borde del colapso, donde no hay gelocatil que lo calme.
La respuesta en cualquier caso, está en nosotros... en buscar la serenidad, en recuperar esa intuición que progresivamente hemos estado ignorando como si no fuera parte nuestra, como si fuera un anexo de moda en las últimas tendencias de meditación, chi kun, tai chi... o cualquier neo tendencia. Si somos capaces de incorporar el silencio, la FE en nosotros como seres perfectos, nuestro tiempo y espacio sagrado, seguramente dejaríamos que la INTUICIÓN a la que a menudo volvemos la espalda, sea la que nos guíe hacia esos objetivos existenciales, que nos permitirán encontrar la excelencia; la felicidad en definitiva.
Pero el arte de creer en nosotros, de recuperar ese espacio, de ser felices como seres humanos, debe trascender a lo banal, para dar paso a "eso" que nos hace ser seres perfectos e incorporar el amor incondicional a nuestras vidas.... ese es el trabajo perfecto, la vida deseada, la felicidad en estado puro...
En definitiva, todo lo que configura ese camino, el conjunto de esas vivencias, la fe que nos mueve... el movimiento por tanto, es el lugar donde reside el quid de la cuestión... No es el punto de llegada, el final, lo verdaderamente importante... sino el camino, y sobre todo el caminar... las personas que nos tornamos en ese proceso.... eso es lo que configura ese estado de tanto anhelo e inquietud para la humanidad, y que tan a mano tenemos, pero pocas veces tenemos tiempo para percibir, y vivir con plenitud... Hoy podría ser un buen momento para empezar a incorporar en nuestra vida con Conciencia y Consciencia, por qué no?

A mis amigos les adeudo la ternura
y las palabras de aliento
y el abrazo
el compartir con todos ellos la factura
que nos presenta la vida paso a paso
a mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme las espinas más agudas
los arrebatos del humor.
La negligencia
las vanidades
los temores
y las dudas
Un barco frágil de papel
parece a veces la amistad
pero jamás puede con el
la más violenta tempestad,
porque ese barco de papel
tiene aferrado a su timón
por capitán y timonel
un corazón…
A mis amigos les adeudo algún enfado
que pertubara alguna vez
nuestra armonía
sabemos todos que no puede ser pecado
el discutir alguna vez por…
A mis amigos legaré cuando me muera
mi devoción en un acorde de guitarra
entre los versos olvidados de un poema
mi pobre alma incorregible de cigarra.


Quiero compartir este cuento que habla de la importancia del desarrollo de la paciencia, que como mil veces diría mi inolvidable y amada Maruja: es la madre de la Ciencia!!. Así que como es una herramienta de vida inestimable… Espero que os guste!!
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, tirando de ella con el riesgo de echarla a perder, gritándole con toda tus fuerzas e ímpetu: ¡Crece, de una vez por todas!.
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente y con todo tu cariño.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, hasta tal punto que el cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas... ¡¡¡ la planta crece más de 30 metros¡¡¡¡ ¿Y ha tardado sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que necesitó siete años y seis semanas en crecer y desarrollarse al ritmo necesario.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que por supuesto, éste requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que se mantienen en forma perseverante y coherente, y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (en el que alguna vez nos hemos encontramos), recordad el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptad que -en tanto no bajemos los brazos - ni abandonemos por no "ver" el resultado esperado, sí está sucediendo algo en nuestro interior: estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Qué fácil resulta a veces perder la fe en nosotros cuando los plazos no se ajustan a nuestras exigencias… Cuántos sueños a punto de germinar hemos dejado en el tintero… Te propongo reflexionar sobre nuestra espera, ese cultivo paciente y provechoso que hará que germine en nosotros una vida de largas raíces y la flexibilidad necesaria para alcanzar la excelencia.